El convenio establece una lista de productos preferenciales, es decir, aquellos que reciben reducciones o eliminaciones de aranceles al ser comercializados entre los países miembros. La desgravación arancelaria varía según el producto y el destino o destinatario, con plazos que van desde la eliminación inmediata hasta reducciones progresivas en varios años.
Por Redacción Central | @CoyunturaNic
Managua, Nicaragua

La administración estadounidense ha tomado un paso decisivo, según la prensa independiente, hacia la expulsión de Nicaragua del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) (DR-CAFTA). Según Mauricio Claver-Carone, el enviado especial de Donald Trump para América Latina, el proceso podría iniciarse antes de que termine el año 2025. Este anuncio, contundente para unos y poco convincente para otros, marcaría por mucho una escalada en la presión internacional contra la Copresidencia del sandinista Daniel Ortega y su esposa y comandataria Rosario Murillo, cuya permanencia en el acuerdo comercial más importante del país centroamericano ha sido calificada como "ridícula" por el alto funcionario norteamericano.
Esta semana, el periodista y politólogo argentino de 73 años Andrés Oppenheimer, quien entrevistó a Claver-Carone recientemente, expuso en un artículo del Nuevo Herald que existe un consenso dentro del gobierno estadounidense sobre la necesidad de retirar a Nicaragua del DR-CAFTA. Además, los países miembros del tratado, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y República Dominicana, han mostrado una "buena disposición" para concretar la expulsión, a pesar del apoyo militar evidente para el régimen, en el poder desde el año 2007, tras varias reelecciones inconstitucionales, la matanza de más de 350 personas como "parte de un plan para eliminar toda disidencia" en 2018, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y una reciente modificación total de la Constitución Política.
Sin embargo, Mauricio Claver-Carone reconoció que el proceso no es sencillo, ya que el acuerdo no contempla una cláusula de exclusión y cualquier decisión requerirá consenso entre los países firmantes.
Para la monarquía de Ortega y Murillo, la posible salida del DR-CAFTA representa un desafío económico, social e institucional mayúsculo. En 2022, Nicaragua exportó bienes por un valor de 5,728 millones de dólares a EE.UU., lo que representa casi el 61 % del total de sus exportaciones. Los productos más importantes enviados al mercado estadounidense incluyen textiles, café, carne bovina, mariscos, oro, azúcar y tabaco, sectores que se verían seriamente afectados ante la imposición de aranceles.
El país centroamericano ha mostrado un aumento global de sus exportaciones desde 1999 hasta 2022, llegando a representar en 2023 un 41.38 % del Producto Interno Bruto (PIB). En el consumo de ese pastel de la economía nicaragüense, Estados Unidos, México, Centroamérica, Canadá y la Unión Europea son los principales destinos de exportación.
A pesar del giro diplomático del régimen nicaragüense hacia China, el comercio con el gigante asiático sigue siendo marginal. En 2024, Nicaragua importó productos del gigante asiático por un total de 1,647 millones de dólares, una cifra mucho mayor que las exportaciones, que apenas alcanzaron los 82 millones de dólares. Mientras tanto, las importaciones desde China han aumentado en 400 millones de dólares, favoreciendo ampliamente a Pekín en la balanza comercial, en medio de un crecimiento general del 10.7 % en enero del presente año.
Este desbalance demuestra que, a pesar de los esfuerzos de la administración sandinista por estrechar lazos con China, EE.UU. sigue siendo el principal pilar de la economía nicaragüense. La posible salida del DR-CAFTA amenaza con desestabilizar el modelo económico del régimen, el cual depende de los ingresos generados por las exportaciones a su mayor socio comercial.
En 2023 Nicaragua fue la economía número 127 del mundo en términos de PIB (dólares estadounidenses corrientes), el número 110 en exportaciones totales, el número 111 en importaciones totales, la economía número 145 en términos de PIB per cápita (dólares estadounidenses corrientes) y la economía número 111 más compleja según el Índice de Complejidad Económica (ECI). Las principales exportaciones de Nicaragua son oro ($1,24 MM), cable aislado ($1,17 MM), camisetas, tejidas ($986 M), café ($719 M), y tabaco enrollado ($440 M), exportando principalmente a Estados Unidos ($4,38 MM), México ($1,04 MM), El Salvador ($488 M), Canadá ($476 M), y Suiza ($313 M). Las principales importaciones de Nicaragua son petróleo refinado ($789 M), petróleo crudo ($575 M), camisetas, tejidas ($488 M), medicamentos envasados ($382 M), y tela goma ligera, tejida ($360 M), importando principalmente desde Estados Unidos ($2,7 MM), China ($1,41 MM), México ($1,01 MM), Honduras ($980 M), y Guatemala ($939 M).
La expulsión de Nicaragua del DR-CAFTA no solo tendría un impacto económico, sino también social, institucional y político. De acuerdo con el economista, desterrado, desnacionalizado por el oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y exprecandidato presidencial, Juan Sebastián Chamorro, la medida provocaría un aumento del subempleo del 45 % al 55 %, lo que generaría un incremento en la migración de nicaragüenses hacia países vecinos y EE.UU., incluso con las nuevas barreras impuestas por la administración de Trump contra el desplazamiento forzado de miles de personas del continente y el mundo. Este factor preocupa a Costa Rica y otras naciones centroamericanas, que temen una nueva ola de migrantes como consecuencia de una crisis económica en Nicaragua. Pero ningún representante del presidente costarricense Rodrigo Chaves, o de la hondureña Xiomara Castro, o del salvadoreño Nayib Bukele e incluso del guatemalteco Bernardo Arévalo ha brindado declaraciones al respecto.
Por otro lado, la elite empresarial, la oposición en el Poder Legislativo y la cúpula militar y social, sectores que han respaldado al régimen debido a los beneficios económicos que reciben, podrían verse obligadas a reconsiderar su apoyo o no a Ortega ante la posible contracción drástica de la economía y el sistema de vida. En ese sentido, Félix Maradiaga, otro opositor exiliado y analista político, considera que la expulsión de Nicaragua del DR-CAFTA representa "un paso en la dirección correcta" para "debilitar" a la dictadura de Ortega y Murillo, bajo la lógica del mayor comprador de la venta nacional al extranjero. Según Maradiaga, el oficialismo ha utilizado los beneficios del acuerdo comercial para sostener su aparato represivo, mientras restringe las libertades económicas y políticas de la ciudadanía.
A pesar de la determinación de Estados Unidos, la expulsión de Nicaragua del DR-CAFTA enfrenta varios obstáculos. En primer lugar, el tratado no establece un mecanismo claro para la remoción de un país miembro, lo que obliga a los firmantes a encontrar una solución legal viable, con repercusiones regionales importantes. Un Ferrocarril Interoceánico en Honduras y más inversión en los puertos de El Salvador podría ser la respuesta a mediano y largo plazo, según expertos consultados por este medio, aunque algunos sectores económicos en Centroamérica temen que la exclusión de Nicaragua afecte las cadenas de suministro regionales y genere inestabilidad en el comercio intrarregional, el transporte regional y la diplomacia, como primer impacto.
Otro desafío es la postura política y el discurso de los gobiernos de los países miembros. Aunque Claver-Carone insiste en que existe una buena disposición entre ellos, cada nación deberá sopesar el impacto económico multifactorial y local de la decisión. En este contexto, la reciente visita del secretario de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, Marco Rubio, a Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala sugiere un intento de Washington por afianzar el apoyo de sus aliados en la región, en temas clave que incluyen el Canal de Panamá, las crisis de seguridad y la migración irregular.
Con EE.UU. avanzando en su estrategia de presión económica, el régimen Ortega-Murillo se encuentra en una encrucijada, que busca responder con China, Brasil, Rusia y algunos mercados imprecisos. Por un lado, podría intentar negociar con Washington para evitar la expulsión del DR-CAFTA, aunque esto implicaría concesiones políticas y migratorias que hasta ahora ha rechazado. Por otro lado, si decide resistir y apostar por el mercado chino, enfrentará un escenario incierto, ya que el comercio con China no ha logrado compensar la dependencia de Nicaragua del mercado estadounidense, por mucho y más. El discurso oficialista ha intentado minimizar hasta el día de hoy la dependencia económica de Estados Unidos y exaltar la relación con China, Rusia y otros como una alternativa viable, el llamado "multipolarismo", encabezado en Nicaragua por el heredero Laureano Ortega Murillo. Sin embargo, los datos comerciales contradicen esta narrativa: mientras Nicaragua importa masivamente bienes desde China, sus exportaciones hacia ese país siguen siendo insignificantes.
Según datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el 97.1 % de las exportaciones de Nicaragua se dirigen a mercados con acuerdos comerciales preferenciales. De los 7,521 millones de dólares generados en exportaciones en 2024, aproximadamente 3,640 millones provinieron del mercado estadounidense bajo el DR-CAFTA. Si Nicaragua pierde este acuerdo, el país, la gente y el Estado enfrentarían un retroceso significativo en su balanza comercial y diaria, pues se tendría que competir en el mercado estadounidense sin los beneficios arancelarios que actualmente disfrutan muchos productos. Esto podría afectar sectores clave como la industria textil, el café, los productos cárnicos y la agroexportación.
Si el proceso de expulsión se concreta, Nicaragua enfrentará una transformación radical en su estructura económica y política. El desenlace dependerá de la capacidad del régimen para adaptarse a un nuevo escenario o, por el contrario, de su resistencia ante una creciente presión interna e internacional.
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